CAPITULO 36 — Yo lo amo con todas mis fuerzas.
El restaurante frente a la costa estaba casi vacío a esa hora. Mesas de madera clara, olor a pan recién horneado y el murmullo tenue del mar filtrándose por la ventana abierta. Amelia llegó con el cabello aún húmedo, un vestido suave que la hacía ver luminosa, completamente distinta a la mujer opaca que Joshua había conocido al llegar al pueblo.
Entró sonriendo, con los ojos brillantes.
Joshua le abrió la silla para que se sentara, la miró sonreír como una niña enamorada y su corazón dio un sal