Miriam quedó sin habla al ver a Miguel afirmado a su moto, ni siquiera sabía que Miguel conducía motos, tragó saliva y dio un paso adelante.
—Vamos, preciosa… no me dirás que le tienes miedo a las motos.
La voz de Miguel salió con ese tono divertido que siempre parecía provocar algo dentro de Miriam.
Ella estaba de pie frente a él, con las manos dentro de los bolsillos de su chaqueta, mirando la enorme moto azul estacionada frente al edificio.
Miguel apoyaba una cadera contra ella mientras sost