En la mansión de Patrick, el ambiente era extrañamente tranquilo, casi elegante, como si la violencia que se había desatado horas antes no existiera, Adela estaba sentada en un sillón, sosteniendo una taza de té con una sonrisa triunfal dibujada en los labios, su postura erguida, su mirada fría, completamente convencida de que todo había salido exactamente como lo había planeado.
—A esta hora… el malagradecido de mi hijo ya debe haberse enterado de que es viudo… —murmuró con satisfacción, llevan