Erick estaba en su oficina, de pie frente al escritorio, cerrando una carpeta con documentos. Había terminado de organizar los pendientes del día siguiente y se ajustaba el reloj mientras revisaba por última vez su agenda. En unos minutos saldría a buscar a Amelia.
La puerta se abrió sin que tocaran.
Miguel.
—¿Irás a buscar a Amelia?
Erick levantó la vista, ya sabiendo que esa no era la verdadera razón de la visita.
—Sí. La llevaré a cenar. ¿Por qué?
Miguel se metió las manos en los bolsillos.