CAPÍTULO 66 — Ensuciando su nombre.
Los días pasaban en la isla con una suavidad casi irreal.
Amelia parecía florecer bajo el sol.
Cada mañana abría las ventanas de par en par para que el aire de mar entrara en la casa. Ponía música suave en el parlante de la cocina y cocinaba descalza, moviendo las caderas al ritmo mientras preparaba hotcakes.
Erick la observaba desde la barra, exprimiendo jugo de naranja con una sonrisa que no podía disimular.
—Leí que el jugo de naranja es perfecto para las embarazadas —dijo él, concentrado—.