CAPÍTULO 39 — Enredados entre sábanas.
La luz suave de la mañana se filtraba por la ventana cuando Amelia empezó a moverse entre las sábanas. No estaba sola. Estaba envuelta —literalmente— en los brazos de Erick, como si él hubiese pasado toda la noche asegurándose de que no se escapara ni un centímetro.
Erick llevaba despierto un buen rato.
No porque no pudiera dormir… sino porque no quería perderse ni un segundo de verla ahí, en su pecho, respirando tranquila. Cada tanto bajaba la mirada para confirmarlo: que era real, que ella se