CAPÍTULO 38 — En sus brazos.
Erick abrió la puerta de su cabaña sin soltar la mano de Amelia. Apenas entraron, la cerró con un golpe suave… y en el mismo instante la atrajo hacia él con una fuerza que no era brusca, sino inevitable.
La espalda de Amelia chocó contra la puerta y un suspiro escapó de sus labios justo antes de que Erick la besara.
No era un beso tímido.
No era un beso cuidadoso.
Era hambre contenida por años.
Amelia respondió con la misma intensidad, aferrándose a su camisa, tirando de él como si también hubi