—¿Tú qué quieres? —Erick lo miró de arriba abajo, sin esconder su desprecio—. ¿Qué haces acá afuera, esperando frente a la casa de Amelia como un maldito psicópata?
—Te estaba esperando a ti —respondió Joshua, crujiendo el cuello y tirando el cigarro al suelo—. Te lo dije: tenemos que hablar.
—Habla entonces —Erick se cruzó de brazos, su silueta imponente bajo la luz del poste—. No tengo toda la noche.
Joshua dio un paso hacia él, sin miedo.
—Sé quién eres. El famoso empresario que volvió al pa