Amelia despertó con una sensación extraña, dulce, cálida… una presión suave en los labios, como si el eco de un beso todavía viviera ahí. Abrió los ojos despacio, confundida, porque hacía años que no sentía algo así recién despertando. Miró a su alrededor y se encontró en su cama, perfectamente acomodada bajo la manta, sin recordar cómo había llegado ahí.
El corazón le dio un vuelco.
Erick…
Su aroma seguía impregnado en la almohada, mezcla de madera, jabón y ese algo indefinible que siempre hac