El silencio entre ambos se volvió espeso, casi sólido. Erick sostenía el plato sin tocarlo, y Amelia tenía la sopa tibia en las manos, pero ninguno de los dos parecía capaz de probar bocado. La tensión no era agresiva, sino dolorosa… como un puente roto que ambos querían cruzar, pero temían que no resistiera.
Erick dejó el plato sobre la mesa baja frente al sofá y respiró hondo. Amelia supo, por la forma en que él bajó la cabeza un instante, que estaba a punto de decir algo importante. Algo que