Amelia estaba recostada en el sofá con la pierna en alto y hielo sobre el tobillo. Erick, después de terminar de cocinar la sopa, volvió con un plato pequeño lleno de mangos cortados. Sus favoritos. Siempre lo habían sido.
—Ten —dijo con suavidad—. Come esto, hace calor y está fresco.
—Gracias —murmuró Amelia, tomando un trozo con cautela.
Aún estaba confundida. Su corazón no sabía si correr hacia él o salir huyendo. Pero antes de que pudiera pensar demasiado, el timbre sonó.
Erick frunció el c