Amelia salió de la ducha con la toalla envuelta alrededor de su cuerpo, el vapor aún llenaba el baño mientras sus pasos eran lentos, tranquilos, como si por un momento el mundo estuviera en calma. Se secó con cuidado, tomó la crema y comenzó a aplicarla sobre su pancita con una sonrisa suave, protectora, llena de amor.
—Hola, mi pequeño… —susurró apenas, acariciando su vientre.
Luego tomó uno de esos vestidos que Erick le había comprado especialmente para que no apretaran su abdomen, lo deslizó