Miguel seguía sentado al lado de la cama, sin moverse más de lo necesario, cuidando cada detalle de Miriam como si su sola presencia fuera lo que la mantenía estable, su mano entrelazada con la de ella mientras con la otra acomodaba la sábana con cuidado, sus ojos sin apartarse de su rostro ni un segundo, como si aún no confiara del todo en que el peligro había pasado. Acariciaba su rostro con suavidad y retiraba algun mechon revelde de su rostro.
La puerta se abrió de golpe.
Mildred entró como