Ya en casa, Erick no soltó a Amelia en ningún momento, la sacó del auto en sus brazos con el mismo cuidado con el que había protegido cada uno de sus pasos desde la clínica, caminó hasta el living y la dejó con suavidad en el sofá, acomodando un cojín detrás de su espalda para que estuviera más cómoda, mientras detrás de ellos Gerald entraba con un ramo de flores frescas que había comprado ese mismo día, llenando el espacio con un aroma dulce que contrastaba con todo lo vivido en esa misma casa