El fin de semana pasó en un suspiro.
Miguel llegó a la oficina con Miriam de la mano, ambos sonriendo, con esa calma y complicidad que solo aparece después de una reconciliación real.
Damián los miró mientras esperaba en asensor, alzando una ceja.
—Vaya… sí que hubo reconciliación.
—Sí… bastante —respondió Miguel con una sonrisa pícara que hizo que Miriam se sonrojara de inmediato.
Damián soltó una risa.
—Me alegro mucho. Te ves mejor, Mimi.
Entraron al asensor y al salir, Damián se estiró.
—Bu