Mildred estaba en su departamento, la música de fondo a todo volumen mientras ordenaba su clóset, sacando la ropa de invierno y metiendo la de verano.
—Diablos, tengo demasiada ropa…
Luego miró las maletas.
—Nunca es suficiente…
Y siguió.
Justo entre una canción y otra escuchó el timbre. Frunció el ceño y bajó el volumen para abrir.
Ahí, en la puerta, con un traje impecable y su cabello que no se le movía para nada, estaba Armand.
Él la recorrió con la mirada. Tenía un par de pantuflas de osito