La mañana se colaba por la ventana, suave, tibia, iluminando el dormitorio con una calma que los hacía sentir seguros.
Erick entró en silencio, con una bandeja de desayuno en las manos, observando a Amelia aún dormida. Se detuvo un momento, simplemente mirándola, era su parte favorita del día.
Dejó la bandeja a un lado y se sentó junto a ella, acariciando su mejilla con suavidad.
—Mily… amor… despierta, debes desayunar… nuestro pequeño debe comer.
Amelia se movió apenas, aún atrapada en el sueñ