Miguel estacionó el auto unos metros más atrás de la cafetería, lo suficientemente lejos para no ser vistos, pero con una vista clara de la entrada.
Desde ahí observaron cómo Gerald descendía primero del vehículo y rodeaba el auto con calma, abriendo la puerta del copiloto y extendiendo la mano para ayudar a Amelia a bajar, cuidando cada detalle como si se tratara de algo frágil.
Amelia aceptó su ayuda, pero en cuanto estuvo de pie le dio un pequeño golpe en el brazo, mirándolo con reproche.
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