La mansión estaba en silencio.
Un silencio pesado, elegante, como todo en la casa Carson-Kinsley.
Joshua detuvo el auto frente a la entrada principal.
El golpe que Miguel le había dado aún latía en su rostro. La nariz le dolía y tenía el labio partido. Cuando bajó del auto, el aire frío de la noche le quemó los pulmones.
El mayordomo ya lo esperaba en la entrada.
—Señor —dijo con voz neutra—. La señora lo espera en la sala.
Joshua asintió sin decir nada.
Entró a la casa, el eco de sus pasos res