Miguel la tomó de la mano mientras la ayudaba a abotonar su vestido.
—Pediste día de vacaciones, no me molesta quedarme en esta cabaña. Vamos por tus cosas y nos quedamos este fin de semana.
Decía Miguel mientras besaba su cuello.
Miriam cerró los ojos al sentir sus manos presionarla contra él. Una parte de ella quería aceptar sin pensarlo… pero otra parte le recordaba sus responsabilidades.
—Tengo responsabilidades, Miguel.
—Amelia puede encargarse —respondió él sin darle demasiada importancia