Miriam palideció.
Miró a Joshua con incredulidad.
—¿Eres casado?
La mujer soltó una risa llena de veneno.
—No te hagas la mosquita muerta. Ese cuento de que no sabías que era casado no me lo creo.
Sus ojos brillaban de rabia.
—Pero ahora te voy a enseñar modales, maldita zorra.
Levantó la mano para golpearla, Miriam cerró los ojos esperando el golpe que nunca llegó.
Miriam abrió los ojos y vio su brazo que se quedó suspendido en el aire, Miguel le sujetaba la muñeca con fuerza.
Su mirada se ha