Damián tecleaba rápido mientras Arabella le seguía el ritmo.
—Bien, cerraste bien esa entrada, Ara… eres un genio.
—Gracias, Damián…
Él se tronó los dedos y el cuello, y se tiró para atrás en la silla, mientras Ara seguía tecleando unas cosas, cuando la puerta de la oficina se abrió. Maryorie venía con una sonrisa tímida.
—Hola, Damián.
—Maryorie, hola… dime, ¿en qué puedo ayudarte?
—Te traje esto…
Maryorie sacó una Monster de su bolsillo.
—Sé que te gustan y, como tuve que salir a hacer un dep