Por fin el taxi se detuvo en la calle frente al departamento de rescate. Raquel le tira el dinero en el asiento de enfrente y se baja disparada de ese carro. El taxista la ve con asombro y a la vez un poco asustado de su manera de ser.
—¡Ey, mujer, tú, cambio! —voceó el hombre al ver cómo esa mujer rubia bastante sexy se aleja a toda velocidad.
—¡Quédeselo! —responde Raquel sin siquiera voltear a verlo.
El taxista la ignora y solo toma el dinero, feliz de poder sacar un poco más. Sube lo