No muy conforme con su decisión, Hades ha salido. Sabe que no podrá dormir ni un poco con esos malditos mosquitos.
Al acercarse a Kayla, se queda en shock al encontrarse con ella que está llorando. Ver a esa mujer hecha una bolita con sus mejillas llenas de lágrimas. Le hace sentirse mal. Quizá esté llorando por todo lo que él le hizo.
—¿Estás bien, Kayla? —le pregunta Hades con una voz preocupada.
Kayla, al escuchar su voz, se estremece. Dando un salto. Volteándolo a ver, notando su expresión triste. Ella se da la vuelta sintiendo una enorme vergüenza al permitir que él viera ese estado tan vulnerable para ella.
Con el dorso de su mano se limpia las lágrimas que han bajado por sus mejillas.
—Sí estoy bien —miente Kayla.
—Pues no pareciera que estuvieras bien.
—No fue nada —dijo Kayla, fingiendo estar acomodando su cama de hojas.
—Cuéntame qué ocurre —indaga Hades con una amabilidad que él no se la cree.
Kayla volvió a verlo y notó cómo está preocupado por ella