Hades escucha ese nombre y se queda inmóvil a tan solo unos centímetros de esos labios carnosos. Se aleja de ella mirándola directamente al rostro.
—¿Kayla Leon? —pregunta Hades sin poder recordarla.
—Sí, ese es mi nombre. —Vuelve a confirmar Kayla.
—No lo recuerdo —contestó Hades con sinceridad.
—Era de esperarse. Después de tanto abuso, obvio que no lo sabrías, pero déjame recortarte. —Kayla, aún sostenida por sus manos, se acerca. Hasta quedar a pocos centímetros de su oído. —Era octubr