—¡¡¡USTED!!!
Amapola veía al hombre como si una cámara repitiera la imagen una y otra vez, claramente era él, el tal Rubén Santillano que había sido Fred su marido, el que la dejó hace tanto tiempo.
Marisol no lo sabe, no tiene ni idea, pero está asustada por el aspecto misterioso del hombre; tenía un porte oscuro y era osado, por la forma que les habló, el atrevimiento que tuvo de acercarse siendo un perfecto desconocido.
—¿Qué sucede comadre, quien es el?
—¡¡ES FRED! —exclamó.
Marisol voltea