Con destreza criminal, Úrsula desconectó los sistemas de emergencia y sobrecargó los circuitos principales. Insertó un dispositivo en el panel central, programado para activarse tras diez minutos de transmisión en vivo. Sus uñas rojas, afiladas como garras, ajustaron un cable suelto cerca de un extintor vacío…
—”¡Arderán como cucarachas!..”, —susurró, dejando caer la botella de líquido detrás de un cortinaje. Al salir, se ajustó el velo y susurró al aire:
—¡Bueno Mauricio ahí está lo que querí