Mucho ruido había en el barrio La Cementera. El detective Sugma también tenía una moto y se atrevió a subir las lomas del barrio donde creció Reishel. Ya tenía información de lo peligroso que era y que clase de maleantes se podría encontrar en cualquier esquina del lugar, que por cierto nunca faltan en sus reuniones acostumbradas en las calles. Enseguida lo divisaron. Los mismos de siempre; los que estaban, de inmediato se alarmaron al recibir una visita inesperada de un individuo perfectam