El salón de la notaría era un lugar rectangular con paredes de madera elegante y retratos de abogados históricos, todo daba una sensación solemne que chocaba con la luz del sol que entraba por los grandes ventanales.
La luz iluminaba el suelo de mármol, haciendo brillar motas de polvo que parecían recuerdos perdidos.
Reishel, vestida con un simple vestido azul marino que recordaba el océano al atardecer, entró del brazo de Mauricio, quien también se veía muy arreglado. Detrás de ellos, Amapo