El peso de la verdad.
El sobre blanco resbaló de las manos de Reishel y aterrizó en el suelo con un crujido seco. Las palabras de Rubén Santillano —su padre— parecían arder en el aire, cada letra un recordatorio de la traición más íntima. Amapola, de pie frente a ella, retorció el delantal entre sus dedos temblorosos, mientras Marisol, la madrina, se refugiaba tras la puerta de la cocina, muda ante el huracán de emociones.
—¿Cuánto tiempo llevas viéndote con él? —preguntó Reishel, su voz un filo que cortó el silen