El grito de Reishel resonó entre los escombros humeantes mientras el cuerpo de Úrsula se estrellaba contra el pavimento. La multitud enmudeció, algunos cubriéndose los ojos, otros grabando con sus teléfonos el macabro espectáculo. Reishel, cubierta de ceniza y con lágrimas limpiando surcos en su rostro, se tambaleó hacia atrás, repitiendo entre sollozos:
—¡Lo intenté… Quería salvarla, pero me odiaba tanto que prefirió morir…!
Un bombero, con su cara ennegrecida por el humo, la tomó de los h