La brisa nocturna acariciaba suavemente el rostro de Reishel mientras contemplaba el vasto cielo estrellado que se extendía sobre ella. Las estrellas brillaban con una intensidad que la hacía sentir pequeña, pero al mismo tiempo, la llenaban de esperanza. A su lado, Juan José no podía esconder la felicidad que irradiaba; sus ojos brillaban como las mismas estrellas que deslumbraban el cielo. Estaban solos en el porche de la casa, lejos de las miradas curiosas de Amapola y Marisol, quienes se ha