CATALINA
Voy abriendo con dificultad mis ojos e enfoco la silueta borrosa de alguien que me sostiene por los brazos y me zamarrea intentando que termine de reaccionar.
–¡Catalina! ¡Despierta! ¡Mierda! No me hagas esto...
Se quien es el dueño de esa voz grave que ahora me llama en un tono desesperado que antes jamás logre oír y al lograr verse nitida la imagen ante mis ojos, pienso en mí interior, tampoco verlo en este estado. Cuando la situación que estamos atravesando vuelve a mí raciocinio.