CATALINA
Al ingresar siendo empujada por mí verdugo caigo de rodillas al suelo y apoyo mis manos en el piso de mármol, para amortiguar el golpe. Escucho la puerta ser asegurada detrás de mí. Pero, nada me preparo para el impacto que recibo al ver delante de mis ojos semejante escena. Lentamente mí visión va subiendo ante unas botas negras que están prácticamente teñidas de un rojo carmesí, que se escurre desde los pantalones, también empapados del mismo líquido, hasta el suelo formando un charc