SEBASTIÁN
Con una fuerza descomunal rompo las mordazas de mis brazos, para proceder a desatar las amarras de mis pies con desesperación al ver a mí pequeña desmayada en el suelo. Por suerte mí gente llego a tiempo para abatir a este hijo de puta, antes de que catalina cometiera una locura. A pesar de que vine solo, como me solicito esta escoria, dispuesto a entregarme para ser sometido, torturado y humillado hasta la muerte si fuese necesario, con tal de que mí pequeña, nunca más caiga en sus m