- ¿Tomás?
- Hola Gatita.
- ¿Cómo me encontraste aquí? – pregunté confundida.
- Otto.
Seguí mirándolo. Todavía era hermoso. Ni siquiera había tenido tiempo de mirarlo últimamente.
- ¿Me vas a dejar en la calle? ¿No me invitas a entrar?
No estaba seguro de qué hacer. Lo miré fijamente, tratando de encontrar una razón para dejarlo entrar a mi casa... oa mi vida.
- Es solo una conversación, gatita. quiero saber como estas Te prometo que no dolerá nada... Ni habrá ningún tipo de presión.
Salí por la