Nos condujo al bote un hombre que le dio algunas instrucciones a Nicolás y luego nos dejó solos.
Tan pronto como Nicolás puso en marcha el pequeño yate, le pregunté:
- ¿Alguna vez has hecho eso?
- Unas cuantas veces, pero sí, lo he hecho. ¿No crees en mi habilidad para conducir un yate? – bromeó.
- Creo en ti, Nick... Y en todo lo que haces. - Admití.
- Este momento es nuestro... Solo nuestro. - el dice.
Tan pronto como dejamos la pequeña cubierta donde estaba amarrado el yate, subí las escaler