Me subí al auto y le dije a Lorraine, secándome las lágrimas:
- Vámonos antes de que me arrepienta de todas las decisiones tomadas hasta ahora.
Arrancó el auto y nos dirigimos a la casa de Nicolás. Desde el día anterior traté de llamarlo y no me contestó. El teléfono siempre estaba apagado. No quería irme sin hablar con él primero. Necesitaba explicar que Tom y yo no teníamos nada que ver el uno con el otro. Que había sido un malentendido... Y que sí, me iría con mi padre. Pero pronto volvería.