Cuando el yate atracó en Paradise, mi trasero estaba caliente por los azotes y había tenido sexo como nunca antes en toda mi vida. ¿Era esta la vida de casados? ¿O un anhelo incontrolable que nos consumía? ¿O el ardiente deseo que teníamos el uno por el otro?
No importaba… No quería explicaciones. Todo lo que quería era vivir con mi esposo, Nicolas Welling, para siempre, sin que nada ni nadie nos separe.
Me las arreglé para llegar a casa y cambiarme de ropa antes de ir al club para mi última so