Pero poco sabíamos que nuestra lucha contra Simon Dawson apenas comenzaba.
- Necesito ir a casa y cambiarme de ropa. – observó. - Pero es tan difícil dejarte... Más aún en la cama.
- No puedo creer que te hayas quedado aquí conmigo, a pesar de que estaba durmiendo. - dije feliz por su presencia.
- Solía hacer eso cuando salíamos, ¿recuerdas?
"Sí…" acaricié su rostro. - Pero todavía estamos saliendo. - Me reí.
- Hmm... ¿Y es hora de hacer oficialmente la solicitud?
- Cálmate, Nicolás.
- ¿Por qué