Jamás en mi vida imaginé, a los veinte años, perder a mi madre y sentarme en una silla escuchando los “Mis pésames” de la gente. Ni siquiera vi quién estaba allí. Mi cabeza daba vueltas y vueltas y todavía sentía que nada de esto era real... Que me despertaría al día siguiente y todo estaría bien y mi mamá conmigo.
Renuncié a Nicolás. Él no devolvió. Y me di cuenta en ese momento que no le importaba. Si pensaba que debía ignorarme y no estar conmigo cuando más lo necesitaba, no me merecía.
Le p