Cuando salí a la acera, estaba completamente desconcertado. Las lágrimas nublaron mi visión. No encontré a Nicolás y me fui sin rumbo fijo.
- ¿Julieta?
Oí que alguien me llamaba y me detuve. Era Tom viniendo detrás de mí.
- ¿Qué paso? – preguntó acercándose, visiblemente preocupado.
- Nada yo...
Ni siquiera sabía qué hacer o decir. La posibilidad de que Nicolás y yo nos separáramos me destruyó por dentro. Dejo que las lágrimas caigan y el llanto venga sin miedo. Me abrazó y me sentí bienvenido.