No podía levantar mi cuerpo del suelo. Tom se me acercó, me levantó y me llevó a la cama:
- Hijo de puta, cabrón... - Dije tratando de golpearlo.
- Te lo explicaré, gatita. Pero no ahora... No lo entenderías.
Me levanté y lo señalé con el dedo.
- Me voy...
- Hoy no puedes salir de aquí. Mañana, sobrio, tomas alguna decisión.
- Te odio.
Me miró y dijo serio:
- No te vas.
- Esa no es la respuesta... Cuando digo que te odio...
- ¿Y cuál sería?
- Se me olvidaba... No eres el perfecto caballero. - M