Lara
Las horas se sienten eternas, y mi ansiedad me mantiene inquieta. He tratado de relajarme, de pensar en otra cosa, incluso de entrenar o hacer otras actividades, aunque no puedo hacer mucho, debido a que estamos en el encuentro de reyes y alfas y debo preservar mi energía.
Pero la incertidumbre me tiene angustiada, ya que Killiam no ha despertado.
Ahora mismo me encuentro en la habitación donde él descansa y camino de un lado a otro, nerviosa, con el corazón agitado. Lo miro, luego al techo, a la ventana, al suelo, a todos lados. Intento mantener la compostura; aprieto los puños para que mis manos dejen de temblar y vuelvo a suspirar para dejar de dar vueltas en el mismo lugar.
Sin embargo, nada de esto me tranquiliza. Necesito verlo despertar, que él esté bien.
Me acerco a la cama y me siento a su lado.
Él luce tan tranquilo y descansado. Por lo menos se ve mejor que cuando le dio la crisis.
Le acaricio el rostro. Hemos pasado por tanto. La distancia ha sido demasiado dolorosa.