Lara
Mis ojos recorren, perplejos, cada centímetro de este sitio tan peculiar, hermoso y… sublime.
Mis pies descalzos pisan con cuidado el suelo cristalino; temo que un movimiento brusco lo rompa mientras salgo a lo que parece un balcón.
El cielo no me recibe, pues todo está cubierto por paredes de cristal, como si un domo sellara la edificación.
Sin embargo, hay enormes ventanales —o al menos así comparo el inusitado balcón— que me regalan una vista etérea de montañas colosales, paisajes de e