Lara
En un salón ostentoso, de lámparas gigantes de cristal, cuadros que exaltan paisajes y seres superiores, vasos finos, esculturas de yeso, oro y hasta diamantes, se encuentran unos seres de vestiduras elegantes, rostros perfectos y orejas puntiagudas.
Son como dioses, criaturas sublimes que me hacen sentir pequeña.
Luego están los sirvientes, uniformados con pulcritud. También tienen las orejas puntiagudas, cabello perfecto y piel lozana.
Pero, por alguna razón, se ven inferiores a los tre