Killiam
Dentro de la tienda, tanto Lara como yo nos miramos cohibidos y con una timidez que nos mantiene rígidos y callados. Presiento que no soy el único que necesita sacar todas las dudas que me carcomen por dentro; ella también.
Lo veo en su mirada cristalizada y perdida, en la manera en que muerde sus labios cada cierto rato —acción que está enloqueciendo a mi lobo— y en cómo su cuerpo no disimula los temblores. Puedo percibir sus leves sacudidas.
Me aclaro la garganta, cansado de esta inco