Lara
Tanto Arion como yo nos quedamos perplejos, intentando procesar la acción del guardián.
De repente, Lionai vuelve a lanzarse sobre mí, pero Arion lo empuja, obligándolo a retroceder. Lionai se levanta, ríe y, antes de que otro guardián lo toque, vuelve a mostrar la daga ensangrentada.
Entonces caigo en cuenta de lo que está pasando.
Está usando mi sangre para que los guardianes no lo maten.
No puede ser…
—Eso no le servirá —dice Arion, victorioso—. Pronto los guardianes lo notarán. Cualqui