Lara
Abro los ojos lentamente, con parpadeos débiles, hasta que mi vista deja de ser borrosa y se torna clara. El rostro de Killiam es lo primero que visualizo, su preocupación, sus ojos brillosos por las lágrimas, un poco enrojecidos, y sus manos sosteniendo las mías, dándome calor.
Lo observo, alelada, y trago pesado. Tras un largo suspiro, trato de incorporarme y él me ayuda.
—¿Estás bien? —me pregunta.
Su pulgar roza mi mejilla con delicadeza, con ternura.
Lo primero que hago es abrazarlo,