Lara
Camino en medio de un bosque cargado de neblina, con una brisa fría que se entierra en mi piel y se clava en mis huesos. Mi cabello baila con aquel viento gélido y mis ojos observan a mi alrededor, como si buscaran algo o a alguien.
El corazón me palpita con ímpetu, pues me siento aterrorizada en este lugar tan fúnebre y solitario, que me da mala espina.
—¿Qué hago aquí? —susurro, como si temiera ser escuchada.
No entiendo cómo llegué a este sitio. Estaba en la habitación del palacio de Arion y, de un momento a otro, estoy aquí, en un lugar tan remoto y escalofriante.
Mis pasos se hunden en lo que parecen ser hojas secas, y su crujido rompe el silencio tenebroso que reina aquí. Por alguna razón, me siento espiada, como si unos ojos me observaran en medio de la oscuridad.
Ignoro ese presentimiento y sigo caminando, en busca de algún camino que me lleve de regreso al palacio.
Con cada paso que doy, siento más cerca esa presencia que parece estar y no estar al mismo tiempo. Es como