Lara
Camino en medio de un bosque cargado de neblina, con una brisa fría que se entierra en mi piel y se clava en mis huesos. Mi cabello baila con aquel viento gélido y mis ojos observan a mi alrededor, como si buscaran algo o a alguien.
El corazón me palpita con ímpetu, pues me siento aterrorizada en este lugar tan fúnebre y solitario, que me da mala espina.
—¿Qué hago aquí? —susurro, como si temiera ser escuchada.
No entiendo cómo llegué a este sitio. Estaba en la habitación del palacio de Ar